jue17052012

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Política de Lugo hacia pueblos indígenas ha sido decepcionante

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Mientras en la capital del país ya se ven obligados a enrejar plazas para evitar la ocupación de indígenas, se está desviando la atención acerca del verdadero problema que subyace en la situación: el Gobierno, a través del Instituto Paraguayo del Indígena (Indi), no da respuestas satisfactorias al problema de la tierra de las diferentes parcialidades. La ausencia de una política de Estado de obtención y aseguramiento de propiedades, con programas sociales que combatan la pobreza extrema, degrada cada vez más a los que pomposamente son llamados integrantes de los pueblos originarios. La gestión del presidente Fernando Lugo en este campo es sencillamente decepcionante, porque se esperaba mucho más de él.

Los discursos en relación a los indígenas son, por lo general, demagógicos y líricos, y se desentienden del problema principal: la falta de atención por parte del Estado a través de sus instituciones. Desde la llegada de los españoles, en tiempos de la Colonia, los verdaderos dueños de las tierras del Paraguay y cuanto hay sobre ellas han sido sistemáticamente excluidos de los beneficios sociales. Algunas etnias, incluso, fueron perseguidas a muerte.

Con la democracia, desde 1989, de manera oportunista y coyuntural se les hicieron promesas hasta hoy incumplidas. El resultado es lo que está a la vista y llega a niveles extremos cuando los indígenas llegan a Asunción por sus reivindicaciones o vienen a sumarse a los semáforos, que agregaron a su función de dar paso a los vehículos la de ser indicadores de pobreza.

Los responsables de esta situación no han sido solamente los gobiernos sucesivos sino también la sociedad civil, que no han buscado los mecanismos idóneos para que los nativos sean tratados con justicia y se integren a la sociedad con plenos derechos. Es más: hay organizaciones no gubernamentales que se dedican a su supuesta defensa y promoción solo con el ánimo de lucrar a costa de ellos.

Por más de que la Ley 904 les garantice la tenencia de la tierra como principio de desarrollo ineludible y el discurso de asunción del presidente Fernando Lugo, el 15 de agosto de 2008, hubiese dado la impresión de que su situación iba a cambiar para mejorar, lo cierto es que la gran mayoría de los 120.000 indígenas siguen siendo parias en su propia patria.

Si bien algunas comunidades cuentan con títulos, carecen ya del espacio vital -monte sobre todo- que les permita agenciarse de alimentos y otros recursos. La situación de miseria les ha ido degradando paulatinamente al punto tal de abandonar los valores ancestrales de su cultura y corromperse para sobrevivir. Hoy por hoy, el Indi es un florero inservible para las aspiraciones de dignidad de los pueblos originarios. No hay políticas de Estado efectivas para sacar a los indígenas del estado de abandono en el que se hallan sumergidos.

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